Con el paso de los años pueden aparecer cambios en la dentición, la fuerza muscular, la coordinación, la deglución o la capacidad para masticar. Por esta razón, la alimentación de un adulto mayor debe adaptarse a sus necesidades.
De acuerdo con cada caso, pueden ofrecerse diferentes consistencias:
Alimentación sólida: alimentos con su textura habitual, cuando la persona puede masticar y deglutir adecuadamente.
Alimentación semiblanda: alimentos de textura más suave que requieren menor esfuerzo para masticar.
Alimentación blanda: preparaciones suaves, homogéneas o de fácil deglución, indicadas cuando existen mayores dificultades para masticar o tragar.
Adecuar la consistencia de los alimentos no significa disminuir la calidad de la alimentación. Al contrario, permite ofrecer una alimentación más segura y acorde con las capacidades de cada persona.